En esta primera entrega, nuestra memoria se remonta a veinte años atrás para devolvernos a un Jopo Deluchi invitándonos a succionarle un testículo, boló. La provocación empuja a la risa y la felicidad es total y absoluta. Desde ya que no porque la frase apunte a la literalidad, sino al desparpajo de exclamar tal grito de guerra en pleno partido de truco molestando al contrincante.
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